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Del chat de Chueca al WhatsApp

Cuando escribí PideUnDeseo lo hice pensando en cómo ligaba antes. Tanto yo como cualquiera de mi quinta. Sí, soy más mayor de lo que parezco, pero joven de espíritu.

Por esa época no había aplicaciones móviles y los teléfonos servían para llamar, colgar, mandar SMS, jugar al snake y poco más. ¡Ah! y hacerse llamadas perdidas para que la otra persona supiera que te acordabas de ella: pura magia. Empezaba el mundo de conectarse a Internet con el ordenador y había una aplicación de mensajería instantánea llamada MSN Messenger, que después pasaría a formar parte de Windows y se llamaría Windows Live Messenger. Con la llegada de los smartphones, el Messenger fue desapareciendo hasta morir, y entonces llegaron los móviles con Android y el tan amado WhatsApp.

Eso era el «chocho de la Bernarda»

Antes de que llegara Tinder, Wapa o similares aplicaciones móviles, nosotras, las lesbianas, nos metíamos en el chat de Chueca, independientemente de la ciudad donde viviéramos. Allí había una sala para lesbianas donde se podía ver de todo: chicas que querían cibersexo al instante, otras contar sus problemas con la ex, otras que iban de flor en flor, otras que solo buscaban pasar el rato y conocer a alguien, chicas que se casaban por la sala general del chat simulando una boda con invitados (he sido testigo de esto), gente que buscaba tríos, chicos camuflados con nick de mujer que no tenían otra cosa que hacer con su mente perturbada… En fin, eso era el «chocho de la Bernarda». ¡Y qué bien que lo pasábamos en esa jungla!. Llegar de estudiar o de trabajar y relajarte conectándote en aquel canal de mujeres que sentían como tú era lo mejor del día. Horas y horas hablando en las que, a veces, conocías a alguien interesante, otras no, pero echabas unas risas. Y es que antes no era tan fácil ligar con chicas, así que cada una se buscaba la vida como podía.

Un dilema moral de los grandes

¿Y qué pasaba cuando encontrabas a alguien con la que congeniabas después de largas conversaciones en el chat? Que le dabas algo muy preciado: tu dirección de Messenger para que te agregara. Sí, eso ya era pasar a mayores. Ahí tenías una foto de perfil, o si no tenías sabías que te la podían pedir. Así que, por si acaso, guardabas tu mejor imagen en el escritorio del ordenador, esa en la que salías bien sin filtros, porque no existían, esa a la que siempre echabas mano si la ocasión lo requería. Porque, amigas, aquí podía pasar de todo. Sí, vale, la belleza está en el interior, pero el conflicto interno que teníamos cuando congeniábamos mucho al hablar, o más bien al escribir, y que después de todo ese tiempo contándonos la vida nos mandaran una foto y por más que la miráramos no nos cuadrara nada con nuestros gustos… eso sí que era un dilema moral de los grandes. El mundo se nos venía abajo. Lo que nuestra mente había comprado y lo que nos había llegado no tenía nada que ver… Entonces se empezaba a aminorar la marcha por parte de una y a acelerarla por parte de la otra, ya no se estaba en la misma onda.

El personaje principal de PideUnDeseo, Eva, no exige fotos, pero no tiene reparo en tirar por la trampilla a toda aquella persona que no le despierte un mínimo de interés al hablar. Tirar por la trampilla es aquello a lo que hoy los modernos llamarían «hacer ghosting» y a ella eso se le da genial, si algo no le cuadra simplemente desaparece y ya no vuelve a escribir más. Es lista, se ahorra el tiempo y no quiere muchas complicaciones.

Imaginaos que os metéis a un chat y alguien se llama PideUnDeseo

Actualmente siguen existiendo los chats, e incluso el canal de Chueca, pero su uso no está tan extendido y es que, con los móviles, hay modos más inmediatos de conocer a gente. El problema de hoy en día es que el siguiente paso al chat, o a la aplicación de ligoteo, no es una plataforma de mensajería instantánea como Messenger, donde a la otra persona solo tienes que darle tu correo o nick. Sino que pasamos directamente al WhatsApp. ¿Y qué implica WhatsApp?: dar el número de teléfono. Un paso importante. Al menos a mí me crea reticencia porque hay un riesgo de que te quieran llamar y pasar la barrera de las letras a la voz demasiado rápido, o pasar de conectarte cuando quieras a que tengas que excusarte cada vez que no respondas o no cojas el teléfono, y recordemos que son personas a las que no conocemos. No sé, llamarme rara, pero para mí el teléfono es muy privado.

Eva es de esas que no da su número de teléfono así como así. Vale, me habéis pillado, Eva, como las demás protagonistas, tiene algunas cosas de mí (que no todas). Como escritora no puedo evitar plasmar trocitos de mí en mis personajes, supongo que es algo que nos pasa a todas.

Fijémonos también en Patri, personaje principal de mi segunda novela: Yo las entradas, tú las palomitas. Ella queda con varias chicas a las que conoce a través de una aplicación de móvil tipo Wapa. Ahí la cosa es mucho más rápida, de un like por una foto a intercambiar dos palabras y los teléfonos. Pim, pam pum. Se acabó la magia de estar horas y horas hablando con alguien de la que solo veías un nick y ya te hacías tus historias en la cabeza sobre su físico.

Imaginaos que os metéis a un chat y alguien se llama PideUnDeseo. Es muy tentador abrirle la ventanita y empezar la conversación pidiendo algo ¿no creéis? Esa barrea de empezar con un «hola, ¿edad?, ¿de dónde eres?» se torna en algo mucho más original.

No os perdáis qué cosas le pedían a Eva por ese chat, porque no tiene desperdicio. Y si queréis saber más curiosidades de la novela tengo un post en mi Instagram (@yomariscal.escritora) que seguro que os sorprende cuando descubráis varios detalles que existen en la realidad.

¿Es posible enamorarse a través de un chat? sí, a mí me pasó, y también he conocido a gente maravillosa. Pero Eva, mi protagonista, tendrá que descubrirlo. ¿Te animas a saber cómo transcurre la historia?

¿Alguna experiencia de alguien que se conociera en ese chat?

¡Os leo!

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